Hay gente que con poco que se lo propone y lo intenta es capaz de robarte hasta el último pensamiento que tengas entre oreja y oreja, incluso alguno del que ni tú mismo tenías constancia de que estuviera ahí. Es genial contar con ellos entre las filas de tus conocidos y/o amistades. Sean buenos, no lo sean tanto, sean malos nunca está de más sacarlos un rato [a los pensamientos] a que se estiren y se desperecen, cuanto ni más si el terreno por donde se van a pasear son las cabezas de esos ladrones cómplices. A veces el proceso se desmorona: están ahí aspirándote un montón de buen rollo y de repente se topan con un poco de ciénaga mental. Entonces es una mierda. Durante un rato se rompen los lazos y lo único que sacas es basura hecha palabras. Suerte que en realidad nunca se rompe nada, sino que se aflojan un tanto; al momento se aprietan de nuevo a más no poder, como no podría ser de otra manera. El caso es que pese a tener una verdadera y reconocida fobia hacia el metafórico objeto material, me declaro aquí y ahora adicto a las personas-esponja.
1 comentario:
¿Por qué narices llevo metiéndome 2 semanas en este blog y no me salía mayo hasta hoy? Última actualización supuesta, 23 de abril. Hay que fastidiarse.
Publicar un comentario