Cuando vivía oficialmente en Barcelona (ese apasionante primer año y medio de mi vida) lo hacía en un tercero segunda, teniendo mis padres como mejores amigos a los vecinos de enfrente, los del tercero tercera. Casi dieciocho años después esa relación sigue patente, reflejada también en mí, y a qué nivel; y durante tres días ambos pisos han estado conviviendo de nuevo a tropecientos kilómetros de la ciudad condal, recordando viejos buenos tiempos, afianzándolos ahora con cada risa grupal y asegurando nuevos y mejores para un futuro [por otra parte, nunca demasiado] cercano con un triste pero verdadero "Hasta luego".
No hay comentarios:
Publicar un comentario