24 diciembre 2008

Es completamente inevitable -''...significa que no se puede parar''- que una Navidad tal que la descrita en la anterior entrada tenga lugar antes o después. Pero idealizados (pero futuros) proyectos aparte, hoy es Nochebuena y en mi casa ya está la lumbre encendida en la chimenea. Al igual que ya están los nervios dentro de mi madre por la presión de ser, una vez más, la anfitriona y Elliott encerrado aquí conmigo para que no meta sus narices de gato en la comilona que ella va preparando. En cuestión de horas esto se va a llenar de Morenos, cada uno con su propio espíritu navideño pululando de aquí para allá. Menudo peligro. Mi padre ya está guitarra en mano mientras lleva a cabo su misión de la noche: mantener el fuego encendido. A él se unirá mi tía [Anastasia] Carmen, la susodicha Amiga Invisible del que escribe, y ya tendremos el acompañamiento musical al completo. Los abuelos aparecerán en breves, los primeros, para pillar las sillas más cercanas a la lumbre no les vaya a entrar resfrior. Que menudos son: no participan en el juego de los regalos y son los que más reciben. Mi otra tía tampoco debe tardar, es la jefaza de cocina; llega con el salmón hecho y corriendo a ponerse con el resto. Las primas y el primo, la sal de mi existencia en esta cena. Y como colofón final, hará su aparición mi hermanísima. Y ya estaremos todos. Con la tontería de la descripción, interrumpida además con las idas y venidas de gente en MSN con sus correspondientes felicitaciones, se me ha ido aquí un buen rato. Así que abandono boli y papel (o teclado y pantalla, como gustéis) y a comenzar. Que cuanto antes empiece y acabe esto (y que no suene a que no lo paso bien), antes toca acudir a La guarida. Que allí... ya se sabe lo bueno que nos espera a todos.

Y mañana, oficialmente Navidad.

1 comentario:

Anónimo dijo...

suenan genial las Nochebuenas en tu casa :) yo me lo habia prometido y lo cumpli: me puse como el tato cenando.