En ocasiones se dan coincidencias que ni merecen ser llamadas así, porque son lo siguiente.
Hoy he pasado unas nueve horas en la biblioteca -minuto arriba, minuto abajo-, un par de ellas junto a mi compañera de rasgos alemanes (la única con la que coincidido en todas las clases, cabe destacar). Las dos últimas horas; las cabezas no daban para más y ya estábamos aprovechando el tiempo para "simplemente" hacer unas cuantas hojas del cuadernillo de caligrafía rusa, iPod en vena. En esto que:
—A ver si te gusta esta canción —, acercándome uno de sus auriculares.
Escucho y, aguantándome la expresión de sorpresa, hago lo propio pasándole uno de los míos para que vea lo que estoy escuchando yo.
—Fotre! —suelta esa valenciano-palabra a todas horas —¡Pero si es la misma!
Vaya que sí. De entre todas las canciones del mundo y de entre todas las que cada uno pudiera tener en su reproductor y en ese instante estuviera escuchando... tiene su cosa. Que no excesiva, pero dejadme recrear.
Lo cierto es que la situación se queda en mantillas si la comparo con esa otra de hace unos meses, cuando un domingo cualquiera a las once de la noche se me ocurrió apelar Señor Oruga a alguien por el MSN porque estaba viendo Alicia en El país de las maravillas. La más-allá-de-la-coincidencia fue que ese justo mequetefre en cuestión estaba con la misma película en ese justo momento (de entre las millones de cosas que se pueden hacer un domingo a las once de la noche y de entre los... cuantos contactos que yo pudiera tener en ese momento conectados).
Qué cosas.
. . .
He cogido esto con ganas pero lo primero es lo primero y las traducciones se ponen peleonas *cara de circunstancia*. Están empezando a cubrirse de criptonita y no me gusta un pelo. Junto a otros factores, el desequilibrio está asegurado a la vuelta de la esquina. ¡Más polvo de hadas, por favor! ...¡Y que llueva de una vez, narices!
1 comentario:
"¿Quién... eres... túúúúúúú...?"
"Tampoco yo lo C..."
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