07 abril 2009

Fdo, SJR

Voy a pintar un cuadro, a escribir un libro y a aprender a tocar el piano... o la guitarra, que tampoco pretendo pasarme (demasiado) con la fantasía.
El mejor o peor resultado del cuadro no importará, porque lo haré sobre un caballete y ataviado con una bata que mancharé con los mil colores de mi enorme caja nueva de óleos, pasteles y carboncillo, mucho carboncillo, y eso ya será suficiente buena experiencia. Quién sabe si no quedará más bonica la bata que el cuadro en sí... En cuanto al libro, no aspiro encontrarme con una novela al rasgar sobre el papel el último punto y final. De ser así, me sorprendería a mí mismo con la primera gran obra en prosa escrita por... Jolly Roger (usaría pseudónimo, claro) y con que podría dedicar mi vida a ello, a ganármela con el desfogue de plasmar sueños propios sobre un papel, servilleta o envoltorio de chocolatina mañana, tarde y noche; sobre todo por la noche. Y a ver qué porras haría entonces yo con mi magnífica licenciatura en Traducción e Interpretación. No, no. Con conseguir enlazar unos cuantos párrafos con cierto sentido que relaten entrañables jornadas a lomos de un Cadillac, a lo largo de carreteras interminables, con intencionadas paradas en bares que cierran al amanecer y el correspondiente motel donde sus personajes repasen cada día delante de una televisión que funciona a monedas..., me sentiré (más que) satisfecho. El saber tocar el piano (o la guitarra) ya es cuestión de algo de clases y mucho empeño. Y de tener un buen oído. Así que comenzaré comprándome un bloc de dibujo y un cuaderno de bonitas tapas y a esperar buscando la inspiración.
Aquí queda a modo de promesa hecha caracteres.

. . .

Quizás lo único que me prometo es vivir una de esas historias. Podría llevar el caballete y el maletín de pinturas en el maletero y buscar la inspiración cada noche, cada mañana, en el contorno del letrero del bar recortado con la luz del atardecer, del amanecer. El contraste entre las diferencias de tonalidad según en qué punto del mundo me encontrase acabaría por darle un encanto indiscreptible. Luego escribiría los capítulos más interesantes de cada viaje, exagerando unas partes y cambiando por eufemismos otras, y voilà: libro autobiográfico. ¿El piano? Creo que entonces me conformaría con esa cinta que dejé aparcada hace ya unas cuantas entradas.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Pues yo me estoy planteando ser traductor de la ONU en NY, como Eduardo Mendoza (La verdad sobre el caso Savolta rocks my body).