Mismo bar. Misma mesa. Mismos protagonistas. Un par de días después.
La noche se ha apoderado del lugar. Una noche fría y cerrada que apenas sí deja paso al tenue brillo de la Luna. La tintineante luz de los fluorescentes, pues, es la que ahora permite el curioso desarrollo de la escena, cayendo como plomo sobre cada una de las cabezas, de los vagabundos pensamientos que en ellas divagan.
— Una más de patatas, por favor.
Y los altavoces vuelven a cambiar el tema de su incansable canturreo.. . .
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