23 diciembre 2008

Hoy he realizado mi primera y sospecho que última compra puramente navideña: el regalo para el Amigo Invisible de mi familia. Me ha tocado ser el de mi tía Carmen, de cincuenta y pico años (no se dicen exactos que esto, a las mujeres, no les mola nada). El dinero me lo ha dado mi madre, sí. Pero he tenido que ir yo en primera persona a sacarme las castañas del fuego (esto más tarde ha sido literal, a 2'50 el cucurucho mediano) y buscarlo. Suerte que iba con mi fashion-ísima amiga Marta I. y nos hemos hecho con la situación. Pero a qué precio, y no en el sentido literal de la expresión: me he esnifado unos veinte papelitos de muestra con unas veinte colonias diferentes. Para Marta I. unas olían a ''vieja'', otras a ''verde'' y alguna incluso ''¡esta no huele a náh!''. Si hubiera ido solo, hubiera enganchado la de Carmen Sevilla o directamente Fantasy de Britney Spears. Pero no, hemos probado buena ristra... Sigo en shock.

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