Hoy ha llegado a casa la factura de diciembre de mi teléfono móvil. Y hay dos cosas que me siguen dejando completamente anodadado de cabeza a pies cuando se produce este hecho: que el primer día de mes los señores de MoviStar ya sepan lo que voy a gastar y que ese gasto sea tan desorbitado. Mi padre utiliza otro adjetivo para definirlo, pero mejor será que mantegamos esto libre de palabras malsonantes.
Es que... la de cantidad de SMSs que se pueden llegar a mandar en 30/31 días, ¿eh? Y porque no realizo llamadas -ni internacionales, ni nacionales ni a mi amiga Verónica- y en ese apartado sólo aparecen unos cuantos euros fruto de los toques cogidos. Que si no... Por deu, con estas líneas no pretendo quedar ni de maníaco movilítico ni de pasota del dinero. Que por mucho que mi futura se empeñe en afirmar y reafirmar que tiene la vida solucionada casándose conmigo, las cosas no están tan flojas de cinturón. Pero como le he dicho a la cara contorsionada de mi progenitor: ''Papá, tengo gente lejos a la que cuidar.'' Aunque esa gente por cierto, ya que estamos ajustando literalmente cuentas, es la que se lleva la palma en las cogidas de toques. Pero no es el caso.
Lo que debería empezar a plantearme es utilizar más a menudo el cavernícola teléfono fijo, que, quieras que no, también tiene su encanto. Tal que ha hecho hoy la mugrienta miniguadalajoven Ana Lozano del Campo. Y encima se producen esas graciosas confusiones de que ella pregunta por 'Jose', mi padre le pone con mi madre, ella lo pasa mal, entonces ya caen y me llaman a mí... y tal.
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