16 noviembre 2008

el 1.0.1 de cada 16 de noviembre.-

Aprovechando que esto se va dando a conocer, utilizaré (con su sin-permiso) la expresión que uno de los lectores ofreció a este columnista: el 1.0.1, el pasar de un buen comienzo a una etapa catastrófica para volver a resurgir cual Ave Fénix en una época de toma pan y moja. Así podría y puedo definir a la perfección la relación con Ana López, mi más que querida hermana mayor (téngase en cuenta a la hora de leer esa expresión que nos encontramos en el segundo 1). De moquetes éramos amor en estado puro -las futuramente reconocidas en libros de Historia guerras de besos entre nosotros así lo confirmaban-, unos hermanos modelo. Las noches durmiendo uno en la cama del otro eran otra muestra más. Vale, muchas de las veces era debido a mi canguele nocturno o a que aparecía una araña en el techo de alguno de los dos y en esa habitación ya era terminantemente imposible pasar la noche. Pero el fin justifica los medios. Era una época de auténtico esplendor. Pero la situación se torció, señores. Como en toda epopeya griega y cuento de Gloria Fuertes que se aprecie, el nudo de la historia se hizo patente: Ana entró en la Edad del Pavo. Y hasta luego al buen rollo. Si con mi madre las broncas eran mininas con el hermano pequeño ya ni os cuento. ''Tras la tormenta viene la calma'' -pensaréis-, tras unos cuantos años la adolescencia pasaría y todo volvería a ser de color de rosa. Efectivamente, la adolescencia para Ana había concluído, pero las páginas de este relato guardaban concienzudamente unos horripilantes capítulos que nuetros padres no habían visto venir: la mía. Eso debió ser el acabose. Todavía hoy parece que oigo, proveniente de la habitación de mis padres, su tembloroso castañeo de dientes ante la perspectiva de un nuevo día de gritos, chillidos, empujones, tortazos, arañazos y demás atrocidades entre nosotros. Ah, sí... fueron unos años difíciles, amigos. Atravesábamos la parte baja más baja del medio más medio del 0. Sin embargo, la luz aparecía tímidamente al final del túnel. Y costó, vaya que si costó. Pero todo pasa, todo buen libro tiene su final. Y siguiendo con la metáfora, el segundo 1 se hizo presente. A 16 de noviembre de 2008, los ya no tan pequeños López Moreno han vuelto completamente a sus raíces. Él [con 17 pero] camino de los 18 y ella se hace hoy con sus 22 años. Los dos patitos traen consigo una renovadísima época dorada. Feliz cumpleaños para mi hermana y feliz momento para todos.

No hay comentarios: