[Continuación del domingo, DICIEMBRE 27]
Al sentarme hoy en el tren -de vuelta a casa otra vez, dejándome la mitad en la estación una vez más- me he sentido conforme con el Mundo. Apenas sí había unos cuantos pasajeros por vagón; dejarme caer en un asiento junto a la ventana ha sido cosa fácil. El traqueteo de los raíles y la noche al otro lado del cristal empañado se han encargado del resto. Los trenes se están ganando mis confidencias y mis horas de lectura más productivas. A cambio me regala relojes ralentizados con los que dedicar tiempo a las reflexiones más importantes del bulbo raquídeo de cada una de mis células.
En la caja de las Navidades'09 meteré algunos de los regalos [materiales] de no gran tamaño ni excesivo valor sentimental (estos, a las paredes y estanterías), buenos, abundantes y variados ratos familiares (y me estaré quedando corto), reencuentros con los míos gracias a haber deshecho kilómetros por cuarta/quinta vez en lo que va de curso (llevamos muy buen ritmo, nenes) y apretones de una cuerda que ha dejado de temblar ante cualquier posible Tiempo o Distancia.
La visita a mi segunda casa ha quedado solventada con una de esas llamadas en las que no se cuentan los minutos ni se miden las palabras. Es genial contar con una vía de escape totalmente externa a tu día a día pero que está al tanto de todo lo que ocurre en él. Hablar de y con Barcelona es ya una obligación.
Ganduleo (mucho), turrón, mazapán y galletas de mantequilla (más todavía), jugar al escondite con Elliot(t), películas de la época, buena música y mejor compañía. Ni siquiera los estudios están consiguiendo entrometerse entre un agradable olor a navidades y el Jolly Roger, que se encuentra gratamente estancado en un arrecife al que los cañonazos a traición no dan alcance. Y, cómo no, el momento lo requiere y la mente va más allá. Ahora me pide que la lleve aún más lejos, que me vaya lejos, que agarre fuerte la cinta de cassette y le suba volumen a la radio; quiere que la escapada por carretera de El amor es lo que tiene no se quede en mi retina únicamente a través de la pantalla; me sugiere que el copiloto tenga mil y una historias que contar, y que me asegure de que vaya a traer gominolas;...
El tortazo no va a ser pequeño cuando la zancada tren-estación me devuelva a la ciudad del verano eterno. Y aunque se va a intentar suavizarlo a través del estudio que tanto hace falta, ¡qué narices!, a soñar que es lo que toca. Que aún quedan días por delante y, ¿cómo se dice?, hay tiempo para todo. Además, si la situación se pusiera fea, ahora siempre tengo un abrazo que echarme al cuello.
2 comentarios:
Tenemos que aprender a dsifrutar de lo que toca en cada momento. ¿Estudiar? Pues estudiar (a veces, cuando te metes mucho en materia te olvidas de que estás estudiando, ¿no?). Los momentos navideños vendrán sólos. Aún falta darle fiesta a la última noche de la década :)
Sigue disfrutando de la Navidad, siempre queda septiembre... Me alegro de que hayas disfrutado tanto por tus tierras. Me da a mí que falta te hacía.
Un besazo.
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