Querido Blogspot, las cosas van muy bien últimamente. Hace unas cuantas semanas que así lo están, y el ritmo se mantiene. Ni mucho menos todo es perfecto (¿Se llega en un algún momento a poder decir, de verdad, esas palabras?), pero todavía menos podría pretender enumerar quejas. Diciembre no me ha defraudado; tenía ganas de que llegara, con su frío y ese noséqué que te mete el espíritu navideño por todos los poros de la piel. Y vaya que si se ha metido, ¡pero bien hasta el fondo! Por ahí delante esperan dos semanas justas de días lectivos que de seguro se reducirán por cuenta propia [Me hace gracia: si fuera a clase hasta el último día que oficialmente hay, tendría que coger el tren de vuelta ya el 24; literalmente: Vuelve. A casa vuelve, por Navidad.] y, tras ellas, otras dos de supuestas vacaciones que se van a quedar en eso, en un supuesto, en un ¡maldito! simulacro. Exámenes dos días después del Día de Reyes, ¡es que manda narices! Luego, que ya me explicará John Anderson el por qué, la última semana de enero me la dejan limpia de cualquier tipo de actividad académica. Para ver cómo descuelgan las luces navideñas, ¿o qué? Pero no me salgo de la línea, que ya tendré tiempo en esa semana de despotricar, y sigo comentando que a fecha de hoy tengo muy buen rollito dentro. Ahora mismo en casa, disfrutando de las atenciones de mamá, papá y Elliott (¡mi bigotes!, que ya no lo nombro por aquí). No me he resistido y he plantado la alfombra del salón (a la que el par de dos le han perdido el cariño -Elliott no cuenta, no opina-) en mi second room. También un par de fotos en las paredes, que desde que se pasó al azul no la he puesto lo más mínimamente guapa. Cuando vuelva a entrar en ella, ya será con verdaderas vistas a la época festiva. Y, quién sabe, quizás con un buenos copos cayendo al otro lado de la ventana. Pero creo que me estoy adelantando de más; he echado un vistazo al diciembre pasado y a estas alturas todavía andaba hablando de matematiqueces. Es lo que tiene este cambio psicológico de vacaciones-estudio, que descoloca. Así que dejo la miel en... las letras, y ya retomaré este aire para hablar de paseos por Brooklyn (¿Oído, Fox?). Toca coger de nuevo el tren.
1 comentario:
Que Diciembres siga, termine y remate esta jugada :)
Ahora un codo a 45 cm del otro. Pero con ánimo.
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