Me planteo de forma seria marchar el curso que viene a Barcelona. Pedir beca, traslado, y a seguir estudiando allí. Debería haber sido así desde un principio: sabía que la carrera estaba en un par de universidades y no me preocupé lo más mínimo de informarme acerca de si alguna de las dos pedía examen de acceso. Resultó que sí, y entonces sí que me dejé la piel en súplicas telefónicas en busca de cualquier arreglo. Lo bueno es que me enteré de cuándo eran las pruebas el mismo día en que se hicieron, apenas unas horas antes. Si viviera allí, habría llegado sin problemas. Y aquí es donde hace su puesta en escena el dilema -de siempre-: los kilómetros. Aquí o allí, he ahí la cuestión. Dichoso Shakespeare. No dio ninguna solución; plantó la frase y se quedó tan ancho. La cuestión es que Alicante está muy bien, que cambiar de universidad acarrearía sus inconvenientes y que eso de sumar unas horas más al tren La Mancha - Equis tendría que sopesarlo pero que muy mucho..., pero Barcelona me tira a un nivel que se me escapa. Me encantaría vivirla, y la posibilidad está ahí.
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Esta noche, al salir de clase, me estará esperando Lady Van Gogh con dos entradas ya compradas para una de las películas que calificamos de 'nuestras'; mañana iremos a una feria que han puesto al lado de casa (al más puro estilo Carnivàle); y el sábado de compras pseudo-navideñas y, si no se nos escapa la idea de la cabeza, nos escaparemos nosotros a la vecina Murcia (allí no tienen constancia de ello; guárdame el secreto, chocolatepocoamargo). Erróneas apariencias aparte, universitamos todo lo que las horas existentes -e incluso a veces cogemos de las que no- nos permiten.
Navidad se acerca y sospecho que, por segundo año consecutivo, no iré a ver puestecillos de caganers en torno a la Sagrada Familia.
Hoy no estoy dentro de mí. Lato lejos de aquí, en todas direcciones. No será más que un cortocircuito.
1 comentario:
Barcelona és bona si la distància és curta
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