29 noviembre 2009

No tengo claro qué fin de semana he odiado más: el de hace unas semanas cuando me quedé igual de solo y con no muchas cosas que hacer, o éste, en las mismas circunstancias (al que todavía le quedan unas cuantas horas; todavía puede ganar). Que cuando los mato a base de buena compañía y mejores momentos (ya sea aquí o allí), luego me entra el cargo de conciencia de no haber hecho ni chapa, pero que también es justamente lo que me ocurrirá mañana cuando vea el examen de Ruso a ya tan sólo tres días. Y es que tener a Lady Van Gogh al otro lado del pasillo enfrascada en sus despieces de edificios -parece que no- pero anima a ponerse uno también. Como que te solidarizas. Y cuando, a las malas malísimas, a ninguno de los dos nos apetece dar un palo al agua, al menos gastamos el tiempo compadeciéndonos el uno del otro. Pero, ¿esto? Esto es horrible.

No hay comentarios: