27 mayo 2009

Las dos de la madrugada en el reloj colgado de la pared, tras la barra.

Es ya tarde hasta para los habituales del local. Tan sólo un par de mesas más están ocupadas. Fluorescentes apagados, la oscuridad, movida ahora por una lenta melodía, es reina indiscutible del momento. Se someten a ella, y entre ellos. Visto desde fuera, parecería una de esas escenas en las que el ambiente se paraliza mientras que los protagonistas continúan con su ritmo normal. Pero, en este caso, mejor sería decir que es al contrario.

No hay comentarios: