12 abril 2009

La casa de Jorge en Cuenca es sinónimo de maratones de películas, espaguetis a cualquier hora y delirio constante de consolidado buen rollo. Cabría exceptuar episodios relacionados con tijeras y un pijama, narices reventadas, cerrojos que se abren o tejitas secuestradas, pero quedarían más que compensados al hablar, por ejemplo, de idas y venidas a un Mc Donald's con una dependienta muy interesante (y ahí queda), expediciones a lo Goonies, heróicas conversaciones y proyectos de no-planes. Compensados, que no re-compensados como diría mi amiga V Tébar.

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