En esto que me llevan al pabellón número 3 del IFEMA y me encuentro allí con mis ganas algo perdidas por lo que es empezar una carrera. Ya no volveré a decir que estas cosas no sirven para nada. La gracia con que cierto granadino nos ha metido su universidad por ojos y oídos nada más entrar en ese laberinto de stands ha sido más que suficiente. A la que hay que añadir unas pues-no-pintan-pero-que-nada-mal complutense y autónoma de Madrid y, por supuesto, las tres universitats de Catalunya, entre alguna que otra más tipo la alemana o la de California, porque de las religiosas, las privadas y la de Burgos mejor ni hablar. Bolígrafos, cuadernos y post-it a punta pala intentando disimular notas de corte de espanto y ya establecidas fechas de exámenes de acceso con su también correspondiente fecha de resultados y de reclamación. Señores, el final de una etapa está a punto de caramelo. O para aquellos que prefieran(amos) verlo así: no queda nada para el comienzo.
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