Tiene que ser duro eso del amor, ¿eh? En-amor-arse. No hay más que mirar el resto de palabras que empiezan con el prefijo en-: en-redarse, en-idiotarse, en-bobarse [sí, con ene], en-nopensarennadiemásqueenél/ella. Pues eso, que tiene que ser algo durísimo. Vamos, que digo yo. Por suerte o por desgracia, no he tenido la oportunidad de comprobarlo en mis adolescentes carnes. Y si alguna vez lo llegué a experimentar, fue tan efímeramente que ya se me ha olvidado. Pero -según dicen- cuando se alcanza al tal Amor Verdadero, te hace conocerle de una manera tan tan tan... así, que no lo olvidas en la vida. De esto que dices ''¡Caracoles, rayos y centellas!'', por no llegar al extremo de los ''recórcholis''. Si mi profesora de Química no tuviera que ausentarse durante casi dos semanas, se lo preguntaba. Tiene respuestas y explicaciones para todo, tipo ''Un electrón salta de nivel... porque está muy contento.'', '' Vamos a ver este enlace que es el más chulo. Veréis, veréis.'' y similares. María José, se llama. El mismo día que vuelva, pienso pillarla por banda y soltarle la pregunta. Así, sin anestesia. María José está casada (eso es el culmen del en-amor-amiento); sabrá darme un buen argumento. Seguro.
No hay comentarios:
Publicar un comentario